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domingo, 13 de agosto de 2017

18. Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.


Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir.

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.


-CHARLIE CHAPLIN 

Recitado por Pepe Mediavilla: https://www.youtube.com/watch?v=t7M9P2U25B4 

domingo, 22 de enero de 2017

17. Nunca será siempre.

Erase una vez la historia de un niño y una niña. El niño se llamaba Siempre y era una persona soñadora, aventurera, que creía que todo lo que veía no era todo lo que había en realidad y que había algún lugar donde las leyendas cobraban sentido. Por contra, estaba Nunca. Nunca era una persona pesimista, una persona realista, una persona que solo se fiaba de aquello que podía comprobar y constatar con sus propios ojos y que no se creía historias ni cuentos. Entonces, llegó un día en que Siempre se acercó a Nunca y le dijo que su mayor sueño en la vida era viajar y llegar hasta el sol. Ella dijo: "No podrás. Si saltas, te vas a caer o lo que es peor, si llegas te vas a quemar."

Supongo que ella lo que intentaba era ser la cuerda del globo de los pájaros que tenía en la cabeza Siempre, pero tal era el peso de sus sueños y tantos pájaros tenía en la cabeza que llegó un día en que todos a la vez emprendieron el vuelo y Siempre se perdió en mitad del cielo. Hay quien dice que llegó, otros que se cayó. Incluso hay quien dice que cumplió su sueño, pero de todo esto que pasó, Nunca nunca lo supo porque echó raíces en el suelo y es que si siempre te dices "nunca", nunca será "siempre".


Rayden, Nunca será siempre.

domingo, 18 de diciembre de 2016

16. Tocados por un ángel || Poesía

Nosotros, desacostumbrados al valor
exiliados del placer
enroscados en el caparazón de la soledad
hasta que el amor baja de su templo sagrado
y se presenta ante nuestros ojos
para liberarnos a la vida. 

Llega el amor
y en su tren vienen el éxtasis,
viejos recuerdos de gozo,
antiguas historias de dolor. 
Y si somos audaces, 
el amor arranca de nuestras almas 
las cadenas del miedo. 

Al calor de la luz del amor
abandonamos nuestra timidez
nos atrevemos a ser valientes
Y de pronto vemos que el amor
nos cuesta todo lo que somos
y todo lo que podemos ser.
Y sin embargo es el amor
lo único que nos libera.

Maya Angelou (1928 - 2014)

sábado, 15 de octubre de 2016

15. Mirar a los demás con cariño.

    Nos pasamos la vida actuando, teniendo que actuar, para expresar deseos, pensamientos y anhelos que en realidad ¡son fingidos! Y todo para tratar a los demás con delicadeza, para que en el futuro no nos perjudiquen y para tomar ventaja frente a nuestros competidores. Para ello, nos servimos del cuerpo y del lenguaje, frágiles herramientas que ponen al descubierto que desde que nos asomamos a este mundo una grieta nos recorre; que estamos escindidos en un interior espiritual y un exterior corpóreo; que queremos ser auténticos y, como mucho, lo parecemos. Nunca somos del todo nosotros mismo; la Creación, desde que caímos en el pecado original, es puro teatro. Ciertamente, existe el instante del amor, una pura ilusión, pues anhelamos una mirada sincera, el contacto de una mano que sólo nos desee a nosotros, un regalo que no exija contrapartida. Sin embargo, hasta la mirada más prendada de amor alberga en su sena el fingimiento --que jamás logramos desenmascarar-- y la porfía. Por eso desde el inicio de los tiempos el amor ha sido siempre tan bello, porque se nos escapa de las manos, y por ello ha sido siempre tan triste. El hecho de que podamos imaginar la armonía del alma y el cuerpo nos convierte en uno de esos animales que esperan en vano, en unos eternos imperfectos.
    Camuflamos con gran esfuerzo y manteniendo la compostura incluso la más terrible de las conmociones que nos golpea y logra revolver por un segundo nuestro fingimiento; hasta la atroz muerte se canaliza culturalmente con formalidades y ritos fúnebres que inflaman de nuevo, a más tardar en el convite del sepelio, nuestra vanidad.
    Vislumbramos aún destellos de los tiempos en los que nos las arreglábamos medianamente: como por obra y gracia de una ley natural, el hijo del carnicero se hacía carnicero también, y la hija de la maestra se dedicaba a la enseñanza. A los treinta años llegaba el segundo hijo. A los cuarenta, uno estaba preparado para la muerte. Las posibilidades que ofrecía la vida eran limitadas. En estas circunstancias, el arte del fingimientos se mantenía en hibernación. Puede ser que la vida fuera aburrida, pero ¿acaso no es ese el precio de la paz?
    El mundo que surgió a continuación, con el frenético intercambio de bienes, la desaparición del futuro preestablecido, la perenne movilidad, el trabajar por cuenta propia, la confusión de la vida profesional y la vida privada, el miedo a perder el trabajo, los viajes de casa a la oficina y de la oficina a casa, el deambular hasta del más sedentario de los hombres, hizo reaparecer el arte del fingimiento.
    La competitividad exacerbada ha sido la responsable de desempolvar y dar nuevo brillo a la antigua armadura del cortesano que sabía controlar sus impulsos. Pues desde que el origen social de la persona ha dejado de ser garantía de nada, sólo alcanza el éxito el rápido de reflejos, el adaptable, el que puede cambiar continuamente de lugar, el que, ajeno a las dificultades, mantiene el autocontrol y hace frente al destino, que no cesa de ponerle piedras en el camino. El hombre actual comparte con el cortesano la conciencia del papel que interpreta. Cualquier programa de televisión, ya sea un debate político o un concurso de aspirantes a modelos, impone la farsa, la mascarada, la utilización estratégica del cuerpo. Y lo mismo ocurre con los edificios de oficinas: su jerarquía plana exige trucos y artimañas para encajar en el continuo movimiento de las invisibles relaciones de poder. [...]
    ¡Alto! No queremos terminar aún. Todavía queda una última historia, para no dejar la impresión de que con nuestro poema queda dicho todo:
    ¿Qué es la vida? Un campo minado.
    ¿Y el fingimiento? La condición necesaria para nuestra ascensión.
    ¿Y qué es el amor? El más bello de los engaños.
                                                                       
                                         ADAM SOBOCZYNSKI. El arte de no decir la verdad

jueves, 28 de enero de 2016

14. El miedo es...

Oh, mi dulce niño estival, ¿qué sabrás tú sobre el miedo?
El miedo es para el invierno, cuando la nieve alcanza las cuarenta varas de espesor.
El miedo es para la larga noche, cuando el sol se oculta durante años y los niños nacen y viven y mueren siempre en la oscuridad.
Ese es el tiempo del miedo, mi pequeño señor.
Cuando los caminantes blancos vagan por los bosques.

Hace miles de años, hubo una noche que duró toda una generación
Los reyes morían helados en sus castillos como los pastores en sus chozas y las mujeres asfixiaban a sus hijos para no verlos morir de hambre y lloraban y sentían las lágrimas helarse en sus mejillas.
Durante aquella noche, los caminantes blancos llegaron por primera vez.
Devastaron ciudades y reinos montados en sus caballos muertos, cazando con sus jaurías de pálidas arañas grandes como perros.

                                                                                       ~Juego de tronos. 1x03

lunes, 4 de mayo de 2015

13. Fear. || Poesía.

Fear of seeing a police car pull into the drive.
Fear of falling asleep at night.
Fear of not falling asleep.
Fear of the past rising up.
Fear of the present taking flight.
Fear of the telephone that rings in the dead of night.
Fear of electrical storms.
Fear of the cleaning woman who has a spot on her cheek!
Fear of dogs I've been told won't bite.
Fear of anxiety!
Fear of having to identify the body of a dead friend.
Fear of running out of money.
Fear of having too much, though people willl not believe this.
Fear of psychological profiles.
Fear of being late and fear of arriving before anyone else.
Fear of my children's handwriting on envelopes.
Fear they'll die before I do, and I'll feel guilty.
Fear of having to live with my mother in her old age, and mine.
Fear of confusion.
Fear this day will end on an unhappy note.
Fear of waking up to find you gone.
Fear of not loving and fear of not loving enough.
Fear that what I love will prove lethal to those I love.
Fear of death.
Fear of living too long.
Fear of death.


                      I've said that.

~Raymond Carver~

martes, 7 de abril de 2015

12. Las reliquias de la muerte.

Fábula de los tres hermanos.

Había una vez tres hermanos que viajaban a la hora del crepúsculo por una solitaria y sinuosa carretera.
Los hermanos llegaron a un río demasiado peligroso para cruzarlo a nado, pero gracias a su destreza en las artes mágicas, agitaron sus varitas e hicieron aparecer un puente.
Antes de poder cruzar, una figura encapuchada les cerró el paso. Era la muerte, que se sentía contrariada, porque normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero era muy astuta y fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos, les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haberla eludido. El mayor, que era muy combativo, pidió la varita mágica más poderosa que existiera y la muerte le regaló una proveniente de un saúco cercano; el hermano mediano, que era muy arrogante, quiso humillar aún más a la muerte y pidió el poder de devolver la vida a los muertos, la muerte cogió una piedra de la orilla del río y se la entregó; por último, la muerte le preguntó al menor qué deseaba, este, humilde y el más sensato de los tres, pues no se fiaba de la muerte, le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que la muerte pudiera seguirlo y la muerte, de mala gana, le entregó su propia capa invisible.
Entonces la muerte se apartó y dejó que los tres hermanos siguieran su camino.

El hermano mayor viajó hasta una lejana aldea, donde varita de saúco en mano, mató a un mago con quien antaño mantuvo una disputa. Borracho por el poder que esa varita le había concedido, llegó a una posada donde se jacto de ser invencible. Pero esa noche, mientras dormía, otro mago le robó la varita y por si acaso le cortó el cuello. Y así fue como la muerte se lo llevó.

Entre tanto, el mediano viajó hasta su hogar donde cogió la piedra y la hizo girar tres veces en su mano. Para su gozo, la muchacha con la que se habría casado, de no ser por su prematura muerte, apareció ante él pero pronto se volvió triste y fría pues no pertenecía al mundo de los mortales.
Enloquecido por su nostalgia el hermano mediano se suicidó para reunirse con ella. Y así la muerte se lo llevó.

En cuanto al menor, la muerte lo buscó por muchos años pero nunca logró encontrarlo. Solo cuando este alcanzó una edad muy avanzada se quitó por fin la capa de invisibilidad y se la regaló a su hijo.
Recibió a la muerte como a una vieja amiga y ,como iguales, ambos se alejaron de la vida.


La varita de saúco, la piedra de la resurrección y la capa de invisibilidad... juntas forman la reliquias de la muerte. Juntas, convierten a su dueño en señor de la muerte.