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domingo, 22 de enero de 2017

17. Nunca será siempre.

Erase una vez la historia de un niño y una niña. El niño se llamaba Siempre y era una persona soñadora, aventurera, que creía que todo lo que veía no era todo lo que había en realidad y que había algún lugar donde las leyendas cobraban sentido. Por contra, estaba Nunca. Nunca era una persona pesimista, una persona realista, una persona que solo se fiaba de aquello que podía comprobar y constatar con sus propios ojos y que no se creía historias ni cuentos. Entonces, llegó un día en que Siempre se acercó a Nunca y le dijo que su mayor sueño en la vida era viajar y llegar hasta el sol. Ella dijo: "No podrás. Si saltas, te vas a caer o lo que es peor, si llegas te vas a quemar."

Supongo que ella lo que intentaba era ser la cuerda del globo de los pájaros que tenía en la cabeza Siempre, pero tal era el peso de sus sueños y tantos pájaros tenía en la cabeza que llegó un día en que todos a la vez emprendieron el vuelo y Siempre se perdió en mitad del cielo. Hay quien dice que llegó, otros que se cayó. Incluso hay quien dice que cumplió su sueño, pero de todo esto que pasó, Nunca nunca lo supo porque echó raíces en el suelo y es que si siempre te dices "nunca", nunca será "siempre".


Rayden, Nunca será siempre.

martes, 7 de abril de 2015

12. Las reliquias de la muerte.

Fábula de los tres hermanos.

Había una vez tres hermanos que viajaban a la hora del crepúsculo por una solitaria y sinuosa carretera.
Los hermanos llegaron a un río demasiado peligroso para cruzarlo a nado, pero gracias a su destreza en las artes mágicas, agitaron sus varitas e hicieron aparecer un puente.
Antes de poder cruzar, una figura encapuchada les cerró el paso. Era la muerte, que se sentía contrariada, porque normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero era muy astuta y fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos, les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haberla eludido. El mayor, que era muy combativo, pidió la varita mágica más poderosa que existiera y la muerte le regaló una proveniente de un saúco cercano; el hermano mediano, que era muy arrogante, quiso humillar aún más a la muerte y pidió el poder de devolver la vida a los muertos, la muerte cogió una piedra de la orilla del río y se la entregó; por último, la muerte le preguntó al menor qué deseaba, este, humilde y el más sensato de los tres, pues no se fiaba de la muerte, le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que la muerte pudiera seguirlo y la muerte, de mala gana, le entregó su propia capa invisible.
Entonces la muerte se apartó y dejó que los tres hermanos siguieran su camino.

El hermano mayor viajó hasta una lejana aldea, donde varita de saúco en mano, mató a un mago con quien antaño mantuvo una disputa. Borracho por el poder que esa varita le había concedido, llegó a una posada donde se jacto de ser invencible. Pero esa noche, mientras dormía, otro mago le robó la varita y por si acaso le cortó el cuello. Y así fue como la muerte se lo llevó.

Entre tanto, el mediano viajó hasta su hogar donde cogió la piedra y la hizo girar tres veces en su mano. Para su gozo, la muchacha con la que se habría casado, de no ser por su prematura muerte, apareció ante él pero pronto se volvió triste y fría pues no pertenecía al mundo de los mortales.
Enloquecido por su nostalgia el hermano mediano se suicidó para reunirse con ella. Y así la muerte se lo llevó.

En cuanto al menor, la muerte lo buscó por muchos años pero nunca logró encontrarlo. Solo cuando este alcanzó una edad muy avanzada se quitó por fin la capa de invisibilidad y se la regaló a su hijo.
Recibió a la muerte como a una vieja amiga y ,como iguales, ambos se alejaron de la vida.


La varita de saúco, la piedra de la resurrección y la capa de invisibilidad... juntas forman la reliquias de la muerte. Juntas, convierten a su dueño en señor de la muerte.